Cada UCI cuenta una historia. Detrás de cada paciente hay una persona con necesidades individuales, una familia que busca tranquilidad y profesionales sanitarios que se esfuerzan por proporcionar la mejor atención posible. Humanizar los cuidados intensivos significa reconocer estas necesidades humanas junto con las prioridades clínicas.

Inspirados por el Proyecto HU-CI en España, nuestro equipo se embarcó en un viaje para implementar la atención humanizada en una unidad de cuidados intensivos iraní. Este proyecto constituyó la base de mi tesis de máster en enfermería de cuidados intensivos y se convirtió en un paso importante para explorar cómo se podía poner en práctica el modelo HU-CI en nuestro entorno clínico.

Guiados por las siete dimensiones del modelo HU-CI, desarrollamos un conjunto de intervenciones centradas en los pacientes, las familias y los profesionales sanitarios. Nuestro objetivo era evaluar si un enfoque más centrado en la persona podría mejorar la dignidad de los pacientes, la satisfacción de las familias y los resultados relacionados con el delirium.

La aplicación del modelo a la práctica clínica
El estudio se llevó a cabo en una UCI general de la Clínica Mahdi, en el Complejo Hospitalario Imam Jomeini, en Teherán (Irán). Utilizando un diseño cuasi-experimental de dos grupos, solo con prueba posterior, incluimos 194 parejas de pacientes y familiares, asignadas de forma no aleatoria y por igual a un grupo de intervención y a un grupo de control de atención habitual.

La puesta en marcha comenzó con intervenciones centradas en la comunicación dirigidas al personal de enfermería, diseñadas para reforzar las interacciones entre el personal y mejorar la comunicación con los pacientes y sus familias. Estas actividades se llevaron a cabo durante cuatro semanas antes de que comenzara la selección de participantes para el grupo de intervención.

A continuación, introdujimos cambios prácticos destinados a hacer que el entorno de la UCI respondiera mejor a las necesidades de los pacientes. Los pacientes podían utilizar sus gafas, audífonos y dentaduras postizas, lo que les ayudaba a mantener el contacto con su entorno y a conservar un sentido de identidad e independencia. La flexibilidad en los horarios de visita ofrecía a las familias mayores oportunidades de mantenerse en contacto con sus seres queridos.

Las familias recibían una «Guía de bienvenida» al ingresar en la UCI para ayudarles a comprender el entorno, encontrar respuestas a preguntas frecuentes y estar mejor informadas sobre el proceso asistencial. También colocamos relojes a la vista de los pacientes y tomamos medidas para reducir el ruido y la luz ambientales excesivos. Se proporcionaron de forma gratuita antifaces y tapones para los oídos a los pacientes que desearan utilizarlos.

Estas intervenciones eran prácticas, pero su propósito iba más allá de las acciones individuales. En conjunto, representaban un esfuerzo por hacer que los cuidados intensivos prestaran mayor atención a la dignidad, la comodidad, la comunicación y las relaciones de los pacientes con sus familias.

¿Qué hemos aprendido?
Nuestros resultados mostraron puntuaciones significativamente mejores en cuanto a la dignidad de los pacientes y una mayor satisfacción de las familias en el grupo de intervención que en el grupo de atención habitual. Estos resultados sugieren que la implementación de prácticas de atención humanizadas puede ayudar a reforzar la preservación de la dignidad de los pacientes y a mejorar la experiencia de las familias en cuidados intensivos.

Sin embargo, hay que interpretar con cautela los resultados relativos al delirium. El número de casos de delirium documentados fue insuficiente para respaldar una conclusión definitiva sobre el efecto de la intervención en este resultado. Se necesitan más estudios con una evaluación más exhaustiva del delirio y muestras más amplias para aclarar esta relación.

Para nuestro equipo, estos resultados reforzaron un principio importante: la humanización de los cuidados intensivos no se limita a grandes cambios estructurales ni a tecnologías sofisticadas. La atención a la comunicación, las necesidades sensoriales, el confort ambiental y la participación de la familia puede incorporarse a la práctica clínica diaria.

De una UCI iraní a una visión internacional compartida

La implantación del modelo HU-CI en Irán ha sido una valiosa experiencia de aprendizaje. Nos ha demostrado la importancia de plasmar los principios de humanización en intervenciones prácticas, al tiempo que se evalúan sus efectos de forma sistemática en el contexto clínico local.

Agradecemos al Dr. Gabriel Heras-La Calle y al Proyecto HU-CI la inspiración y el marco de referencia que nos han servido de guía en este trabajo. Compartir nuestra experiencia supone una oportunidad para contribuir al debate internacional más amplio sobre los cuidados intensivos humanizados y para aprender de colegas que trabajan con el mismo objetivo en diferentes sistemas sanitarios.

El protocolo del estudio está disponible en BMJ Open (DOI: 10.1136/bmjopen-2026-117507). Esperamos poder compartir los resultados completos de esta investigación con la comunidad científica y clínica.

En última instancia, nuestra aspiración es sencilla: que cada paciente, independientemente del lugar en el que reciba atención, sea tratado no solo como una persona con una afección médica, sino como un ser humano cuya dignidad, relaciones y necesidades individuales importan. La puesta en práctica del modelo HU-CI en Irán es un paso hacia esa visión compartida.

Por Fatemeh Mansoor Samaei (fatemehsamaei1380@gmail.com) y revisado por la Dra. Parvaneh Asgari: (p-asgari@sina.tums.ac.ir)