El ateo y las agujas
Siempre me he preguntado cómo es posible que haya médicos creyentes. Hago esta afirmación sin asomo de ironía, acaso con incredulidad y una pizca de envidia y admiración. No tanto por el contacto habitual con la enfermedad y la muerte, sino por la presencia de todo aquello que nos hace tan humanos: la tumescencia de los órganos, el hedor de [...]