Acaba de publicarse en la revista Medicina Intensiva los resultados del estudio H-Ícaro en el artículo Prevalencia y factores de riesgo asociados con el desgaste profesional en las UCI españolas.

El bienestar de los profesionales sanitarios no es un lujo, sino un requisito indispensable para ofrecer una atención segura, de calidad y verdaderamente humana en cualquier sociedad a nivel mundial. Este estudio multicéntrico realizado en España, con la participación de 1.490 profesionales de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), pone cifras a una realidad preocupante: el desgaste profesional o burnout continúa siendo uno de los principales desafíos para los equipos de cuidados intensivos.

Los resultados muestran que el 30 % de los profesionales ya presenta síndrome de burnout, mientras que, si se incluyen quienes se encuentran en proceso de desarrollarlo, la cifra asciende al 66 %. En otras palabras, dos de cada tres profesionales de UCI presentan signos de desgaste o están en riesgo elevado de padecerlo.

Más allá del agotamiento

El burnout no consiste únicamente en sentirse cansado tras una jornada intensa. Se trata de un fenómeno ocupacional reconocido por la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) que se caracteriza por tres dimensiones fundamentales: agotamiento emocional, despersonalización y disminución de la realización personal. Estas alteraciones aparecen tras una exposición prolongada al estrés laboral y tienen consecuencias tanto para los profesionales como para los pacientes y las organizaciones sanitarias.

Las UCI constituyen un entorno especialmente vulnerable. La elevada carga asistencial, la atención a pacientes críticos, la toma constante de decisiones complejas, el contacto con el sufrimiento y la muerte, así como la comunicación con las familias, generan una presión emocional sostenida que puede superar la capacidad de adaptación de muchos profesionales.

¿Quiénes presentan mayor riesgo?

El estudio identifica diversos factores asociados al desarrollo del burnout o de su proceso previo. Entre ellos destacan:
Los profesionales de menor edad, el sexo femenino, ser médico o enfermera frente a otras categorías profesionales, una mayor experiencia laboral, trabajar en UCI no quirúrgicas y desarrollar la actividad en hospitales de alta complejidad.

Además, se observaron factores específicos según la profesión. En el caso de los médicos, una ratio superior a un profesional por cada diez pacientes durante las guardias incrementó significativamente el riesgo de burnout. Entre los técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, no tener hijos apareció como un factor asociado.

Estos resultados ponen de manifiesto que el desgaste profesional no depende exclusivamente de la resiliencia individual, sino que está profundamente condicionado por aspectos organizativos y estructurales.

Un problema que afecta también a los pacientes

El burnout no solo deteriora la salud física y psicológica de quienes lo padecen. También se relaciona con un mayor riesgo de errores, disminución de la calidad asistencial, peor clima laboral, incremento del absentismo y abandono de la profesión. Por ello, cuidar a quienes cuidan debe entenderse como una estrategia esencial para mejorar la seguridad del paciente y la sostenibilidad del sistema sanitario. Los autores del estudio subrayan que la prevención resulta mucho más eficaz que intentar revertir un burnout ya establecido. Detectar precozmente a los profesionales que se encuentran en proceso de desgaste permite intervenir antes de que aparezcan consecuencias más graves.

Humanizar también significa cuidar al profesional

La humanización de la asistencia no puede centrarse únicamente en pacientes y familias. Debe incluir necesariamente el bienestar de los equipos asistenciales. Entre las medidas propuestas destacan el fortalecimiento del apoyo psicológico, la mejora de las plantillas y de las ratios profesionales, la diversificación de tareas, la promoción del descanso, el desarrollo de habilidades de comunicación, el liderazgo compasivo y la creación de entornos de trabajo que favorezcan el sentido de pertenencia y el trabajo en equipo. Asimismo, los autores reclaman mayores incentivos profesionales, sociales y organizativos que contribuyan a proteger la salud de quienes trabajan en primera línea.

Un compromiso ineludible

Los resultados de este estudio constituyen una llamada de atención para gestores, instituciones y responsables sanitarios. Si queremos unas UCI más humanas, resilientes y seguras, debemos situar el cuidado del profesional en el centro de las políticas organizativas.

Humanizar la atención significa reconocer que la calidad asistencial comienza por la salud de quienes la hacen posible cada día. Porque no es posible ofrecer cuidados excelentes cuando quienes cuidan trabajan al límite de sus recursos físicos y emocionales.